14 Junio, 2019

Guía para comprar un coche híbrido

Pocos podrían presagiar una situación comercial como la actual. Los motores diésel son el más personificado, mientras que los motores híbridos van ocupando el lugar que siempre ha tenido el gasóleo. Si alguien hubiera aventurado algo similar antes de 2015, le habrían tachado de loco. Pero las cosas actualmente son muy diferentes, se aboga al máximo por la reducción de emisiones y la mejor forma de lograr ese objetivo parece ser la electrificación. Camino que según el fabricante, se toma de una forma u otra.

La electrificación más popular actualmente, al menos de momento, se acompaña de motores de combustión, es decir: hibridación. Esta palabra se ha puesto muy de moda, aunque no se emplea correctamente en todas las ocasiones pues muchas marcas aprovechan el tirón comercial conseguido por esta denominación para etiquetar los motores alimentados por gas. No obstante, esta consideración la vamos a dejar para otra ocasión porque los motores ‘de gas’ son otra opción del mercado que resulta muy interesante para según qué conductores. Ahora nos vamos a centrar en los motores híbridos, esos que combinan la combustión con la electricidad para reducir consumos y emisiones, sin perder prestaciones ni agrado de uso.

Pero, ¿funciona esta fórmula? Según nuestra experiencia sí, pero con matices ya que el tipo de conducción afecta mucho a los consumos. De todas formas, si somos capaces de adaptar nuestra forma de conducir para explotar al máximo la tecnología, se puede disfrutar de consumos muy contenidos y un elevado agrado de uso. Los mayores beneficios se obtienen en ciudad, donde se puede circular durante mucho tiempo con el motor eléctrico y sin gastar combustible.

Toyota rav4

¿Qué tipos de híbridos hay?

Actualmente, los coches híbridos son una de las opciones más populares entre los usuarios. Por ejemplo, Lexus fue la primera marca que se atrevió a retirar de su catálogo los motores diésel para ofrecer únicamente motores híbridos. El movimiento fue éxito, colocando a la compañía japonesa en una posición privilegiada y abrieron el camino para que muchos hicieran lo mismo, como es el caso de Toyota. Lo cierto es que Toyota y Lexus son la misma empresa y comparten tecnología, pero una de ellas enfocada al segmento premium (Lexus es el acrónico de ‘Luxury EXport U.S.’) y la otra al mercado ‘generalista’. Sin embargo es justo reconocer lo acertado de su decisión, sobre todo cuando las ventas de Toyota dependen de esta tecnología (cerca del 70% de las ventas mundiales son híbridos).

Se ha necesitado tiempo para que la hibridación se asentara fuertemente en el mercado, pero pocos son los fabricantes que no tienen o tendrán en un futuro muy cercano modelos con motor híbrido. De hecho, se ha probado esta solución con propulsores de gasolina y con motores de ciclo diésel, pero hay algo que diferencia cada alternativa pues la evolución de los híbridos ha permitido la aparición de diferentes variantes más o menos eficientes. Como base, hay dos tipo de hibridación: convencional o autorrecargable y enchufable o ‘plug-in’. La primera se caracteriza por carecer de enchufe y contar con una mayor capacidad de recuperación de energía. La segunda si incorpora enchufe que permite recargar la batería en una toma de corriente y además, cuentan con una autonomía en modo eléctrico muy más elevada. Los híbridos convencionales tienen etiqueta ECO de la DGT, los enchufables por su parte, reciben el distintivo CERO.

Además, entre los híbridos convencionales se pueden diferenciar otros tipos según el funcionamiento del grupo propulsor. El primer tipo es el motor híbrido en paralelo, también conocidos como ‘semi-híbridos’. En ellos, los dos motores trabajan siempre al mismo tiempo. Es una forma de hibridación que apenas se utiliza (so usó Honda y con el tiempo, lo desechó) porque es menos eficiente que otras soluciones. El otro tipo de hibridación son los híbridos combinados, que representa la solución más usada actualmente. Los motores pueden funcionar al mismo tiempo o por separado, ambos con conexión mecánica con las ruedas para poder mover el coche. El motor de gasolina también puede funcionar como generador para cargar las baterías y el eléctrico también hace las veces de freno y de generador de energía en deceleraciones. Son muy eficientes, pero su gestión electrónica es compleja. Se les conoce como ‘full hybrid’ o ‘híbridos puros’.

Hyundai ioniq hibrido

Híbridos en serie, los otros ‘híbridos’

Lo bueno que tiene contar con muchas empresas y del calibre de las automovilísticas, es que su capacidad para I+D es sencillamente abrumadora. Esto pèrmite que surjan propuestas de todo tipo como una de las primeras soluciones en cuanto a electrificación y que, a pesar de estar menos extendida, es una buena idea por los resultados que se obtienen. Hablamos de los llamados ‘híbridos en serie’, un tipo de electrificación que emplea el motor de combustión como generador y sólo el motor eléctrico tiene conexión con las ruedas. También se les conoce como ‘eléctricos de autonomía extendida’, pues siempre funcionan con el motor eléctrico  cuando se agota la batería, se genera energía mediante el motor de combustión.

Actualmente está un tanto en desuso, sólo General Motors apostó por esta modalidad y alguna empresa pequeña como Fisker. Coches como el Chevrolet Volt, que se vendió en Europa como Opel Ampera, usan la hibridación en serie. También estuvo a la venta el Cadillac ELR, que era básicamente una versión de lujo y extremadamente cara del Chevy Volt y el Opel Ampera.

¿Híbrido convencional o híbrido enchufable?

Si nos fijamos en la oferta que existe, los híbridos enchufables son por lo general más potentes, homologan cifras de consumo de auténtica risa y tiene una imagen de vehículo más eficiente y ecológico. Sin ir más lejos, la Dirección General de Tráfico los identifica con el distintivo CERO y tienen la misma consideración que un eléctrico. Esto se debe a la posibilidad de circular sin quemar combustible durante más de 40 kilómetros, aunque los más modernos (y caros) anuncian cifras cercanas a los 60 ó 65 kilómetros. Tomando los muchos estudios sobre movilidad personal, la gran mayoría de personas rara vez supera los 80 kilómetros diarios y por lo general, son trayectos urbanos de poco recorrido y de casa al trabajo. Situación que convierte a los híbridos enchufables en la solución perfecta si disponemos de cargador en casa, en el trabajo o cargadores públicos en nuestros recorridos. De ser así, se puede dejar el coche cargando cada vez que estacionamos y así circular siempre con el motor eléctrico.

Un aspecto que debemos tener en cuenta para decantarnos por un híbrido enchufable es la infraestructura que tenemos a nuestra disposición. Si no disponemos de enchufe, ya sea en casa o en el trabajo, un híbrido ‘plug-in’ no tiene sentido. El grupo propulsor no cuenta con la capacidad de recuperar la carga de la batería sin recurrir a fuentes externas, es decir, a enchufes. Cuando se acaba la batería los consumos homologados por el fabricante son imposibles de conseguir y suben notablemente. Es aquí donde un híbrido convencional cobra todo el sentido. Los híbridos normales, por sus características, nunca cargan o descargar la batería por completo para alargar su vida útil. Además, como no pueden obtener energía de fuentes externas, sus sistemas de recuperación de energía son mucho más eficaces y se obtiene carga para la batería a la mínima oportunidad: al soltar el acelerador, cuesta abajo o al frenar. De hecho, los frenos de un híbrido funcionan de forma muy particular. El primer tramo del pedal no acciona los frenos mecánicos, es el motor eléctrico que funciona como generador provocando un efecto freno y, circulando por poblado, se vuelve muy eficaz y permite contar siempre con carga.

No obstante, los híbridos no enchufables no tienen la capacidad de recorrer mucha distancia con el motor eléctrico al tener baterías más pequeñas, apenas llegan a los cuatro o cinco kilómetros. El motor eléctrico ayuda mucho en salidas desde parado (por lo general, se inicia la marcha siempre en eléctrico) o en grandes demandas de potencia. La gestión electrónica combina ambos motores buscando la máxima eficiencia.

Conclusión/Opinión

Tal y como están las cosas, la típica pregunta de ‘¿gasolina o diésel? va camino de convertirse en ‘¿enchufable o no?’. Y como en el primer caso, todo dependerá del uso que vayamos a dar al coche, pero también, de la disponibilidad de tomas de corriente para recargar las baterías. Los híbridos no enchufables funcionan muy bien y actualmente, son la mejor opción para la mayoría de conductores. Yo personalmente apostaría por estos, sin duda. Los híbridos enchufables son idóneos si tenemos un enchufe a disposición.

Si se tiene dudas en cuanto a conducción, se debe saber que cualquier modelo híbrido, enchufable o no, se conduce exactamente igual que un vehículo con cambio automático. La principal característica radica en el silencio de marcha y la suavidad de funcionamiento que se tienen en todo momento.